Espiritualidad

Ser religioso y ser de Dios ¿cuál es la diferencia?

El otro día una persona me comentaba: “No es lo mismo ser religioso que ser de Dios”. Y yo me quedaba pensando. Es verdad. En realidad la meta en la vida es estar profundamente unido a Dios. Y no es lo mismo ser religioso, hablar mucho de Dios, participar en oraciones, repetir gestos litúrgicos, que estar atado a Él desde lo más profundo.

Podemos rezar mucho. Hablar de la Iglesia. De los desafíos pastorales. De los cambios de los tiempos. De nuestra estrategia pastoral. De los altos ideales a los que aspiramos. Podemos leer libros religiosos tratando de encontrar respuestas y orientaciones.

Podemos meditar la vida y desentrañar los misterios más ocultos. Podemos escribir con profundidad sobre temas religiosos tratando de dar algo de luz. Podemos querer mucho a Dios pero no pertenecerle por entero.

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¿Por qué hay cristianos “por tradición”? ¿Seré uno de ellos?

A lo largo de la historia de la Iglesia siempre ha habido cristianos que se confiesan como tal, pero son cristianos por costumbre, por tradición.

Son cristianos que se contentan con una mínima formación y viven una fe reducida a la mínima expresión; muchos incluso tienen una relación con Dios y con la Iglesia sólo teórica.

¿Por qué pasa esto? Por muchos motivos, principalmente porque se camina por la vida creyendo que Dios no está a nuestro lado.

A muchos les pasa como a los discípulos de Emaús, que caminaban ignorando que Jesús iba con ellos, “algo impedía que sus ojos lo reconocieran” (Lc 24, 16).

Pero si muchas veces uno se olvida de caminar con el Señor, tenga en cuenta que Él no se olvida de caminar con nosotros.

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¿Cómo ayudar a otros a crecer en su fe católica?

¿Qué tendría que hacer una persona que se interesa por crecer y madurar en la fe para ayudar a otros fieles a evolucionar o madurar en su fe? Estar siempre en disposición de diálogo, salir al encuentro de los demás.

Es lo que dijo Jesús: “Vayan por todo el mundo” (Marcoos 16, 15). Pero este ir a todo el mundo comienza por quienes están cerca.

“Así que, hermanos míos, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo no es en vano”, dice san Pablo (1 Cor 15, 58).

¿Cómo iniciar este diálogo?

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El significado de los 7 dones del Espíritu Santo

Los dones del Espíritu Santo son hábitos sobrenaturales infundidos por Dios en las potencias del alma para recibir y secundar con facilidad las mociones del propio Espíritu Santo al modo divino o sobrehumano.

Los dones son infundidos por Dios. El alma no podría adquirir los dones por sus propias fuerzas ya que transcienden infinitamente todo el orden puramente natural. Los dones los poseen en algún grado todas las almas en gracia. Es incompatible con el pecado mortal.

El Espíritu Santo actúa los dones directa e inmediatamente como causa motora y principal, a diferencia de las virtudes infusas que son movidas o actuadas por el mismo hombre como causa motora y principal, aunque siempre bajo la previa moción de una gracia actual.

Los dones perfeccionan el acto sobrenatural de las las virtudes infusas.

Por la moción divina de los dones, el Espíritu Santo, inhabitante en el alma, rige y gobierna inmediatamente nuestra vida sobrenatural. Ya no es la razón humana la que manda y gobierna; es el Espíritu Santo mismo, que actúa como regla, motor y causa principal única de nuestros actos virtuosos, poniendo en movimiento todo el organismo de nuestra vida sobrenatural hasta llevarlo a su pleno desarrollo.

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